Living la vida loca: una estudiante de medicina con cáncer de colon

Living la vida loca: una estudiante de medicina con cáncer de colon

Almudena es una estudiante de medicina que, irónicamente, tenía la asignatura de oncología como optativa y a la que diagnosticaron cáncer de colon mientras hacía la carrera. Living la vida loca serían las palabras clave que adoptaría una universitaria de 26 años, recatada y moderada, tras el diagnóstico.

 

Estudiaba el quinto año de carrera y estaba haciendo las prácticas en el Hospital del Mar, cuando tuvo un episodio de rectorragia. Seis meses atrás tuvo sangre en heces pero, con 25 años, el médico la tranquilizó con que seguramente serían hemorroides internas. Sólo tenía este síntoma, nada más. Aun así, su profesora de digestivo le aconsejó hacerse una colonoscopia.

 

Era viernes, le hicieron la prueba y tomaron muestras. Al cabo de una hora la llamó su profesora y la citó para ese mismo lunes, acompañada a ser posible. Las pruebas ya mostraban una lesión cancerosa, pero no se lo quiso decir por teléfono. Almudena ya sospechaba algo. Llamó a sus padres. Vivían en Gerona y viajaron para estar con ella. Su madre estaba muy asustada, pero Almudena intentaba calmarla diciéndole que seguramente sólo sería un pólipo.

 

El lunes acudió a la cita y estaban presentes 3 personas: su tutora, la patóloga y su profesora de digestivo. Aquí empezaba su verdadera asignatura con el cáncer de colon.

 

Al día siguiente de la noticia tuvo hora con el oncólogo, casualmente su profesor de optativa, ¡había tenido clase con él el día anterior! Su profesor le informó acerca de su cáncer y de las pruebas que tendrían que hacer (TAC, analíticas para el preoperatorio, descartar metástasis…). Los resultados llegaron el miércoles de la semana siguiente. El tumor era de un grado alto.

 

Almudena era una chica que vivía estresada tanto por su vida personal como por su vida estudiantil. Recurría al psicólogo y éste le ayudaba a gestionar ese estrés y su alto nivel de autoexigencia para ser “una persona modélica”. Justo el verano del episodio de sangre en heces le había dicho a su psicólogo algo que casi todos hemos dicho alguna vez:

 

Tengo que solucionar mi vida porque si no me saldrá un cáncer.

 

Su segunda visita al oncólogo fue muy dura, después de la cirugía le especificaron el diagnóstico: neoplasia de sigma con metástasis peritoneal. Con sólo 26 años. Había que actuar urgentemente.

 

Ella tenía muchas preguntas, quizá más que otros pacientes por estar estudiando medicina. En aquel momento sabía que las probabilidades de supervivencia a los 5 años eran del 50% ¡lo había estudiado en clase!

 

Era casi como lanzar una moneda al aire. Su profesor la animó a enfocarse en tener mucha fuerza y vivir muchos años, no en las estadísticas.

 

Le operaron la parte del intestino con la lesión. Tenía 24 ganglios afectados. Al pensar en la cirugía Almudena recuerda el frío intenso que sintió. Estuvo mucho tiempo con morfina para el dolor y le sabía muy mal manchar las sábanas, perdía mucha sangre por el colon al estar recién operada (¡siempre preocupada por no molestar a los demás!).

 

Agradeció no llevar bolsa. Con este tipo de tumor extirpan la parte afectada y luego unen de nuevo el intestino. La quimio como parte del tratamiento viene después.

 

Le dieron alrededor de 1 mes para recuperarse y después de ponerle el porta-cath, empezaron con la quimioterapia. Su alimentación no cambió mucho a lo que estaba acostumbrada, siempre había comido mucha verdura y pollo a la plancha. No bebía alcohol ni comía carnes rojas (¡aunque la Almu de ahora aprovecha y de vez en cuando cae algún churrasco!).

 

12 sesiones de quimio, durante 6 meses. Su lema fue aprovechar la vida al máximo, siempre con sentido común. Las semanas de quimio se las pasaba en casa afectada por los efectos secundarios (dormía alrededor de 17 horas diarias, lo cual le ayudaba mucho a sobrellevar el tratamiento), pero después volvía a clase y, si podía, salía con sus amigas (a pesar de que sus padres no lo aprobaban). Cambió mucho de actitud ante la persona recatada que siempre había sido, una “niña buena”.

 

El cáncer le dio la oportunidad de cambiar el chip: comenzó a salir más con sus amigas, se le fueron los complejos, ¡su leitmotiv era “living la vida loca”!

 

Durante los 6 meses de quimio se adaptó bastante a las restricciones: la primera semana de quimio sabía que no iba a poder comer mucho, sabía que tendría que tomar medicación, cuidarse, y muchas tantas otras cosas que siempre afrontaba con un “si tengo que hacer esto pues lo hago”, alejándose del supuesto papel de “víctima” de la enfermedad.

 

Almudena siempre mantuvo una actitud muy positiva, haciendo planes de futuro y pensando que esto sólo era un tránsito. La gente de su alrededor no sabía cómo tratarla, pero ella seguía sintiéndose la misma, a pesar del bajón físico que había sufrido.

 

Esto pasará, no me veo como una enferma, ahora mismo estoy así, pero me recuperaré.

 

No sintió alegría por acabar la quimioterapia, porque eso sólo era una parte, la carrera de fondo empezaba ahora: debía recuperarse física y mentalmente (aunque de esta segunda parte no era muy consciente) y empezar a vivir con la incertidumbre de los controles rutinarios. Al cabo de 3 meses de haber acabado la quimio, el médico le dijo que estaba limpia, todo parecía estar en orden, y que la recuperación iba muy bien. Seguíamos adelante.

 

A los 2 años de haberle detectado el cáncer (siendo ya R1 de medicina de familia) cayó en una depresión. Ya hacía tiempo que estaba bien físicamente y pudo darse la licencia de asimilar lo vivido y desmoronarse. Crisis de ansiedad, agorafobia, dispersión, insomnio, no podía controlar su mente y todo esto fue incluso peor que el malestar del cáncer físico para ella.

 

Caer en depresión es parte del proceso del cáncer, en algún momento es natural pasar por ello.

 

Cuando pudo retomar la residencia, empezó a encontrarse mejor. Al cabo de 6 años le dicen que está curada y le dan el alta. Pero como su caso es extraño, siguen los controles rutinarios, cada 2 años ahora y de vez en cuando tiene cita con la genetista. La sensación de que en cualquier momento el cáncer reaparecerá sigue ahí, pero ha aprendido a vivir con ella sin dejar que afecte mucho a su día a día. 

 

Antes del cáncer era poco deportista. Cuando acabó la quimio comenzó a hacer deporte, tenía que estar fuerte por si pasa algo. Su cuerpo debía estar entrenado y cuidado. Hacer un poco de deporte también ayuda a pasar la enfermedad.

 

El cáncer le ha permitido como médico entender aún más el cuerpo humano.

 

Hoy, Almudena sigue haciéndose pruebas para ayudar a la investigación clínica porque su caso es muy atípico: joven, sin predisposición genética, cáncer agresivo. Está sana y fuerte, aunque el cáncer ha sido una experiencia muy dura. También ha sido una lección para ella y es capaz de ver el lado positivo de lo vivido. Es médico de familia, trabaja en urgencias y está estudiando el máster de paliativos: quiere aportar al mundo una medicina humanizada.

 

Almudena, médica y paciente, quiere recordar a quien esté pasando por un cáncer que:

 

No debes sentirte enfermo, es un tránsito más en la vida. Debes cuidarte físicamente (comer bien, descansar bien, hacer cosas que te gusten). Hacer planes de futuro, ella nunca dejó de lado su vida estudiantil.

 

Otra buena noticia es que, pensando que no podría tener hijos por la quimioterapia, ¡hace 3 años fue madre!

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