Cáncer e identidad: mi enfermedad y yo

Cáncer e identidad: mi enfermedad y yo

¿Cómo repercute la aparición de la enfermedad en mi identidad?

 

El diagnóstico del cáncer supone un acontecimiento crítico en la biografía del paciente, que empieza por romper con la identificación del sí mismo como persona sana. Desde ese momento, la enfermedad puede conllevar una serie de limitaciones en tu vida cotidiana y suponer un cambio en tu rutina habitual, así como una reducción de tu autonomía.

 

En el sentido más práctico, el cáncer quizás pase a ocupar la mayor parte de tu tiempo, viéndote envuelto en un sinfín de pruebas médicas, de citas con el oncólogo o de hospitalizaciones. Es posible que el dolor también llame a la puerta y te recuerde constantemente tu condición de persona enferma.

 

En el plano físico, la autoimagen también puede verse afectada y tal vez te identifiques con este pensamiento: “no me reconozco en el espejo”. La pérdida del pelo, los kilos de menos, los sarpullidos en la piel y otros efectos que pueden provocar los tratamientos podrían ser los responsables de que tu autoestima decaiga.

 

No obstante, es probable que vayas adaptándote a todos estos cambios así como lo irá haciendo tu entorno más próximo.

Soy mucho más que el cáncer

 

Los familiares que te acompañan en el proceso no siempre saben cómo hacerlo y muchas veces con la intención de ayudarte podrían provocar todo lo contrario. Para que esto no suceda, sería importante que tú como paciente les comuniques lo que quieres de ellos, que probablemente sea la normalización:

 

“Trátame como siempre, no me mires diferente”.

 

Puede que la aparición de la enfermedad conlleve un gran cambio en tu vida a en la que también se vea afectado tu ámbito social. El hecho de que hayas cambiado tus hábitos, hayas dejado de trabajar o de que ya no puedas realizar ciertas actividades podría repercutir en tu relación con los demás. Sentir que desde la noticia unos se acercan y otros se alejan. Que quienes están a veces no saben cómo reaccionar contigo pero que sin embargo, tú no has dejado de ser tú mismo.

 

Además, que la enfermedad sea visible en tu apariencia puede hacer que incluso sientas que quienes no te conocen lo primero que piensen de ti cuando te vean sea: “tiene cáncer”. Y que esto vaya a condicionar en la posible interacción que podáis tener después.

No soy la misma que antes, soy mejor

 

Tras un proceso de introspección y aprendizaje, las circunstancias pueden generar una evolución en ti, que pasa por la decisión de convertir algo negativo en algo positivo. Rutter (1993) estudió la resiliencia como la capacidad de resistir a la adversidad y de transformar la situación adversa en una oportunidad de crecimiento. Por otro lado, Tedeschi y Calhoun (1996) hablaban del crecimiento postraumático como un conjunto de cambios positivo experimentados como resultado de un suceso estresante o aterrador para alcanzar un nivel más alto de funcionamiento vital.

 

A veces pasa por revisar la historia de tu vida e identificar los roles que has tenido en ella, que te puede llevar a dejar de vivir en función de los demás. Otras por modificar tu escala de valores y revertir el orden de tus prioridades vitales.

 

Según James (1890), el autoconcepto, conjunto de creencias que un individuo tiene de sí mismo, tiene forma de pirámide y sus dimensiones son:

 

  • En la base está lo material (el cuerpo y sus posesiones)

  • En el medio lo social (lo que tienen en mente sobre ti las personas que te conocen)

  • En la cúspide lo espiritual (pensamientos, juicios morales) que sería lo más valioso

 

Tal vez la importancia que le das a cada una de las áreas y la energía que inviertes en ellas no sea la misma que antes de que el cáncer apareciera.

 

La concepción habitual de lo que es el tiempo también puede verse radicalmente alterada para darle prioridad al valor de la vida en sí misma y al momento presente. Esto puede hacer que adoptemos una perspectiva más saludable de la realidad cotidiana.

 

O quizá no te sea tan fácil percibir esta transformación y te cueste disfrutar de lo que te rodea porque la enfermedad está demasiado presente en tu día a día. Entonces recuerda que aunque el cáncer haya aparecido en tu vida, el protagonista de ella sigues siendo tú.

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