Cáncer testicular, afrontarlo desde la normalidad

Cáncer testicular, afrontarlo desde la normalidad

Fue a finales de 2015. Álex tenía 36 años cuando se notó una “piedra” mientras se duchaba. ¿Sería cáncer testicular? No le dolía, pero decidió acudir al urólogo para despejar las dudas que Google no había conseguido aclararle. Una ECO en esa primera visita y un tumor como diagnóstico.

 

Fue un miércoles y lo operaron el lunes siguiente. Optó por ponerse una prótesis en la operación, aunque echó en falta un mayor asesoramiento al respecto por parte de su urólogo. Todo fue muy rápido. Daba miedo y vértigo afrontar algo así. Álex decidió no contarle nada a nadie salvo a sus padres. El “mis marrones me los soluciono yo“ y el ser una zona “sensible” le hizo no querer compartirlo con nadie.

 

Días después de la operación tocaba visita al oncólogo para conocer los resultados de la biopsia. El tumor era maligno, pero la operación había sido exitosa y al parecer estaba libre de enfermedad. Optó por no tratarse con quimioterapia y pasar controles en un principio cada 2 meses que más adelante se irían espaciando (ésta sólo disminuía en un 10% las probabilidades de recaída). Le habían acompañado sus padres.

 

Sus padres le transmitían tranquilidad y, hasta ese momento, Álex lo había llevado todo bien sin ser muy consciente ni haberse parado a pensar en todo lo que le estaba sucediendo. No fue hasta pasadas unas semanas de la visita al oncólogo, ya tranquilo por el diagnostico positivo, cuando Álex “estalló” y le dio un ataque de ansiedad tomando un café con una buena amiga. Le estaba contando por primera vez por todo lo que había pasado. Fue demasiado.

 

“Las mochilas pesan menos si las compartes” – le dijo su mejor amiga.

Esta frase se le quedaría grabada a fuego y le serviría, y mucho, en un futuro.

 

Cinco años después del cáncer testicular le dieron el alta. Seguía teniendo controles anuales igualmente y se cuidaba más de forma instintiva. Valoraba cosas a las que antes no le prestaba tanta atención y se convirtió en una persona más familiar.

 

A los 7 años, un dolor en la ingle y un bultito en la misma zona que se había operado, hicieron que fuese a urgencias. La sombra del cáncer testicular volvía a rondar en su cabeza. Y lo que al principio parecía una hernia acabó siendo un tumor y la  posterior biopsia confirmaría la recaída. Un mes después empezó con la quimioterapia, un 21 de marzo, 3 ciclos de 1 semana de lunes a viernes hasta acabar con el tratamiento el 6 de mayo. Los pinchazos fueron lo que peor llevó y no tanto la quimio en sí misma durante esas semanas.

Cree que la primera vez lo habría llevado peor si hubiese tenido que hacer quimio. No quería que nadie supiese nada de su cáncer testicular, que nadie le preguntase cómo estaba. Llevarlo todo solo. Así vino la ansiedad y no poder normalizar nada. Esta vez no ocultó nada y hablar de  su enfermedad ayudó a Álex a normalizarla. No estaba solo. Compartía la mochila

 

Tanto la primera vez como en ésta fue bien informado acerca de los riesgos de quedarse estéril y la opción de congelar semen, aunque Álex no quería tener hijos. También de los posibles efectos secundarios en el ámbito sexual. Aún tiene parestesia en los pies tras la quimio y no le afectó tanto la pérdida del pelo, algo que una gorra o un pañuelo “solucionaban”, como sí lo hizo el no poder llevar barba. Era algo que le encantaba.

 

Ahora hace controles cada 4 meses. Está libre de enfermedad y, aunque al principio estaba un poco nervioso, el paso del tiempo le va tranquilizando y regresando a la normalidad.

 

Está en proceso de recuperar la forma física y cree que tener fisioterapia y pautas a seguir para recuperarla, es algo que realmente le irían muy bien.

 

Álex reconoce que no haber acudido a un psicólogo ante sus ataques de ansiedad fue un error enorme en su momento. Aunque en esta segunda ocasión lo afrontó mucho mejor y no lo consideró necesario, sí tuvo una primera visita con una psicóloga, tiene claro que tenía que haberlo hecho la primera vez.

 

Afrontar el cáncer aislándose de los demás, en soledad, contribuyó a padecer esos ataques al no saber gestionar todas las emociones que el proceso de la enfermedad le había causado. Es importante disponer de herramientas que nos ayuden emocionalmente y destaca el apoyo que las enfermeras aportan con su comprensión del paciente y la enfermedad.

2 comentarios

  1. Yo por desgracias viví eso por partida doble con dos hijos hace tres años operé a uno de cáncer testicular y a los 6 meses al otro con el mismo cáncer y el mismo testículo y por desgracia en los dos testículos pero gracias a Dios lo llevan bien siguen cada tres meses haciendo analíticas y todas las pruebas así que mucho ánimo a todos los enfermos de esta enfermedad yo por partida doble un saludo

    1. Hola José Vicente,

      Tiene que ser muy duro ver a tus hijos pasar por este proceso. Nos alegra saber que las analíticas están saliendo bien y deseamos que siga siendo así.

      Un fuerte abrazo y ánimos para toda la familia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Quieres acceder a los ensayos clínicos oncológicos?

Descarga ya la App disponible en iOS y Android