El duelo, las fases psicológicas del proceso oncológico

El duelo, las fases psicológicas del proceso oncológico

¿Qué es el duelo?

 

La palabra duelo proviene del latín y significa dolor. Es el proceso de adaptación emocional por el que pasamos cuando sufrimos una pérdida de alguien o de algo, que no necesariamente ha de ser la muerte de un familiar o la ruptura de una pareja. La aparición de una enfermedad como el cáncer también es motivo de duelo. Conlleva cambios vitales que significan pérdidas: la pérdida de la salud, de hábitos cotidianos, de planes de futuro… Incluso la anticipación de la pérdida de la propia vida.

 

¿Cuáles son sus fases?

 

En 1969, la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross identificó cinco fases en el proceso del duelo, las cuales siguen reproduciéndose en la gran parte de los pacientes que pasan por estas vivencias en la actualidad.

 

La negación

 

Cuando la persona recibe el diagnóstico, tal vez su primera reacción sea el rechazo y su forma de defenderse ante el shock sea negándolo “no puede ser”. Es probable que la emoción que le sobrecoja sea el miedo, debido al desconocimiento y a la incertidumbre. En esta fase, probablemente el paciente trate de recaudar información sobre la enfermedad, a poder ser contrastada por profesionales. Puede ser crucial que acuda acompañado a las citas médicas para que se sienta respaldado y nos aseguremos de que no se le escapan las indicaciones que le da el oncólogo. El apoyo será muy importante al principio y a lo largo de todo el proceso. Además, convendría tener en cuenta que la persona va a necesitar tiempo para digerir esta noticia.

 

La ira o el enfado

 

Quizá llegue un momento en el que el paciente sienta que ya no puede seguir negando lo evidente y empiece a ser consciente de que tiene cáncer. Posiblemente sienta rabia, impotencia, frustración y piense “¿por qué a mí?”. Incluso culpa “¿qué he hecho yo para que me pase esto?”. Puede que la queja pase a ser su refugio y que se permita perder el control con sus seres queridos, quienes a veces sientan lo mismo que él y puedan pensar “¿por qué a él?”. En estos casos, sería importante que los familiares tuvieran en consideración que su reacción se debe a la situación, que no es nada personal contra ellos. Cuando el paciente tiene que tomar decisiones sobre el tratamiento, muchas veces esa responsabilidad se le hace grande. Puede generarle mucho estrés, así como las mil pruebas médicas y las largas esperas de los resultados.

 

La negociación

 

Cuando el paciente llegue a esta fase, su objetivo seguramente sea la curación y quizás su prioridad ahora sea mejorar su calidad de vida todo lo que pueda. Habrá veces que igual se estanque en el “qué hubiera pasado si…” pero se desculpabilizará cuando vea que la enfermedad forma parte de la vida y que no es una consecuencia directa por algo que él ha hecho mal. Puede que aquí ya se sienta capaz de realizar lo que le está ocurriendo y del camino que le queda por recorrer. Puede incluso que ponga todas sus esperanzas en el tratamiento y que se implique al máximo “haré todo lo posible para curarme”.

 

La depresión

 

La persona podrá experimentar lo que la enfermedad afecta en su día a día, en lo físico, en lo mental, en lo social, en lo laboral. Es posible que aparezca en su cabeza el pensamiento “ya no sirvo para nada” y que la tristeza pase a ser el centro. Puede que el paciente haya dejado de hacer cosas y que esto le recuerde todavía más cuánto el cáncer ha cambiado su vida. Quizás le invada la sensación de pérdida y no encuentre las fuerzas para lidiar con las hospitalizaciones y con su cuerpo cada vez más débil. Pensar en el futuro tal vez no le sea un alivio, porque no sabe lo que pasará ni cómo lo llevará. En esta fase es importante que la persona aprenda a gestionar la enfermedad, identificando qué cosas hacer para sentirse bien, cómo afrontar los bajones físicos, qué pensamientos dejar de lado, qué es lo que le hace feliz…

 

La aceptación

 

Llegado a este punto, es probable que el paciente conciba que la enfermedad forma parte de su realidad actual. Seguramente ya no se resigne por no poder cambiarla, se adapte a su nueva vida y hasta consiga extraer lo positivo de la experiencia “ahora vivo el presente”. En estos momentos, sería muy valioso que tratara de no ponerse límites más allá de los que le impone el propio cáncer. Tal vez sus prioridades hayan cambiado y su satisfacción se base en cosas que antes desconocía. Puede que te cuente que ahora encuentra la felicidad en aquello que antes pasaba por alto.

 

Aun así, somos únicos y también lo son nuestras vivencias. No todos pasamos por las mismas fases del duelo, en el mismo orden ni con la misma intensidad.

 

Al fin y al cabo, el duelo es un proceso adaptativo natural del ser humano. Lejos de una patología que tratar, es una vivencia que acompañar. Como dijo Worden (1982), “el duelo no es algo que se supera, es algo con lo que se aprende a vivir.”

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