Mi viaje a Montpellier con un Linfoma de Hodgkin

Mi viaje a Montpellier con un Linfoma de Hodgkin

Estas idas y venidas comienzan en el año 1981. Hace 41 años a nuestro protagonista, Carlos, le diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin con 21 años. Pero ¿quién era él en aquella época? Un estudiante de arquitectura que le prestaba un poco más de atención al deporte y sus amigos que a la carrera misma, ¡normal en alguien tan joven!

 

Sus primeros síntomas fueron cansancio, un bulto en el cuello y ganglios inflamados. Fue a la Clínica Corachan, en Barcelona, para hacer una biopsia de dicho bulto y saber a qué se debía. Le diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin con unas probabilidades de superarlo del 50%. A esta nefasta noticia se le sumaba que, en los años 80, no había tratamiento disponible en España, por lo que el doctor Figueras le recomendó ir a Francia para poder comenzar con la radioterapia.

 

Montpellier Linfoma de Hodgkin

 

Hoy en día tenemos un tren que sale de Barcelona a Montpellier y en apenas 5 horas y por 20€ puedes llegar hasta ahí. Pero en la época que le tocó a Carlos, había que ir por un sistema de carreteras un poco rudimentario y por el cual tardabas el doble que ahora en llegar. A eso se le suma la crisis económica que había azotado a España por aquel entonces, y la familia de Carlos no estuvo exenta.

 

Hizo radioterapia durante 3 meses de lunes a viernes 10 minutos, pero no era una radioterapia tal y como la conocemos ahora, aquélla era más agresiva y había mucho desconocimiento sobre efectos secundarios. Nos comenta que:

 

Yo tenía un cuello de toro, ahora tengo uno de pollo.

 

Carlos estuvo cada domingo de mal humor, porque era el día que tocaba partir a Francia; en cambio los viernes era el día más feliz porque podía descansar de la radiación. El hospital estaba en un campus con un jardín enorme y gente joven con ganas de vivir:

 

Los hospitales tendrían que estar en parques, con chavales jugando a la pelota, con árboles, con niños jugando, ¡con vida! La mayoría parecen un funeral: gente pasando a su bola, de prisa, inmersos en su mundo… te hacen sentir como un zapato.

 

Al acabar la radioterapia, el Linfoma de Hodgkin había remitido, pero estuvo 1 año con quimioterapia preventiva aquí en España, la cual llevó mucho mejor.

 

La radioterapia no es que te la hagan y ya, es que al cabo de 40 años te sigue destrozando ¡y nadie me lo advirtió!

 

A unas secuelas tan duras como las de la radioterapia de aquella época, se le sumó que no tuvo un acompañamiento adecuado: ni nutricionista, ni psicólogo, ¡ni un médico a quien recurrir regularmente! Profesionales indispensables para el acompañamiento de un paciente de cáncer y fundamentales para poder prevenir tantos efectos secundarios.

 

Con 22 años, teniendo problemas para respirar y comiendo papillas, perdió 2 años de la carrera universitaria, sus padres tenían que velar por él y sus hermanos, sin trabajo y arruinados por los viajes a Francia. No sólo eso, a pesar de que la quimioterapia la llevaba bien:

 

Para mí la quimio es el producto químico más fuerte que aguanta tu cuerpo. Te lo meten para curarte y genera muchos efectos secundarios, pero cuando lo acabas se va al cabo de poco tiempo.

 

Lo que llevó peor durante el tratamiento fue la soledad. Sus padres, sin mala fe y preocupados porque su hijo saliera adelante, reunieron a los amigos de Carlos para decirles que no lo llamaran y así evitar que saliera de fiesta durante el tratamiento.

 

No lo hicieron a mala fe, sino para protegerme. Pero yo estaba pasando por una situación muy difícil y sufriendo los efectos secundarios de la quimioterapia, y no recibí ni una llamada de nadie

 

El aspecto físico le dio igual, a pesar de que se rapó al 0 cuando se le estaba cayendo el pelo, y lo confundían con un skinhead. Le cambió el carácter, se volvió una persona mucho más irascible y agresiva por un tiempo. La medicación y el nulo asesoramiento psicológico para él y su familia se hizo notar. A pesar de la situación, secuelas y soledad, Carlos ve el vaso medio lleno y nos deja una reflexión preciosa:

 

Es muy importante cómo enfoca cada persona su enfermedad. Desde el minuto 1 pensé que iba a salir de ello, no dudé nunca de que no me iba a ir al otro lado, a pesar de tener el 50% de probabilidades de sobrevivir. Pero la actitud, la manera de enfrentarse, la manera de volcarse, no lo puede poner nadie, lo debe poner el paciente. Hay que quitarle el miedo, es una enfermedad. Oye, mañana puedes cruzar la calle y te puede atropellar un coche

 

Nos recomienda salir, hacer la vida normal, lo más normal posible. Él, para seguir adelante, siguió haciendo deporte y entrenando a chavales. El deporte le ayudaba a gestionar sus emociones y para no autocompadecerse. Para él, el cáncer no es ninguna excusa para tener momentos de autocompasión, todos tenemos cosas, a aquél que no le pasa nada no existe: todos tenemos algo psicológico o físico.

 

A los pacientes de cáncer nos ha pasado esto, pero a otro puede ser otra cosa. Lo importante son los objetivos, por dónde hay que ir y a dónde quieres llegar

 

El cáncer le ha ayudado más de lo que le ha perjudicado: maduró, conoce y escucha mejor a su cuerpo, valora su vida y cada momento, sigue adelante y conoce sus límites. Empezó a trabajar en 3º de carrera y se independizó en 4º. Sacó notables, mientras trabajaba y se mantenía a sí mismo. Se ha adaptado a su vida con el cáncer y convive con sus secuelas con la máxima normalidad posible. Hace 3 años tuvo el propósito de no enfadarse porque no le merece la pena. Tampoco tiene terror a la muerte, algún día tocara. Es algo natural.

 

El resumen es: puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío. Yo prefiero ver todas las cosas que me ha enseñado el cáncer. ¿De qué sirve quejarme o dar pena?

 

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