¿Es genético el cáncer de cabeza y cuello?

¿Es genético el cáncer de cabeza y cuello?

El cáncer de cabeza y cuello (CCC) es una neoplasia maligna que afecta al tracto aéreo digestivo superior. La mayoría de CCC son de un tipo llamado carcinoma de células escamosas.  El número de casos es mayor en hombres que en mujeres y la incidencia aumenta con la edad (después de los 50–60 años).

 

Existen diversos factores que pueden aumentar el riesgo a padecer cáncer de cabeza y cuello. El consumo de alcohol y el tabaco son los dos factores más comunes, especialmente los que afectan a la zona de la laringe y faringe. Sin embargo, se ha reportado un incremento de casos debido al Virus del Papiloma Humano (VPH) de acuerdo con la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). También hay otras causas mucho menos frecuentes que pueden hacer aflorar estos tumores, ocasionando algún daño en las células del tejido y produciendo una mutación en el material genético de éstas.

 

El cáncer es una enfermedad genética, ya que son las mutaciones en el material genético de las células lo que permite que se multipliquen de forma descontrolada. En un momento de regeneración celular normal del tejido, una célula puede experimentar un cambio en su material genético. Si este cambio crítico sucede en un gen que controla la proliferación celular puede conllevar a la transformación de la célula a ser una célula cancerosa. Este tipo de célula puede proliferar en toda la mucosa durante el recambio normal de estas células produciendo el tumor.

 

Mutaciones

Las mutaciones pueden ser congénitas o adquiridas:

  • Las mutaciones congénitas pueden ser hereditarias o inducidas por factores mutagénicos durante el desarrollo del feto en la gestación.

  • Las mutaciones adquiridas son producidas por factores ambientales, como el humo del tabaco o radiaciones y se producen en un solo tejido.

 

Alteración en los genes

La genética del cáncer es compleja, pero es muy importante conocer qué mecanismo está siendo alterado. Algunos genes contienen información básica que, en condiciones normales, controlan el crecimiento celular o frenan la proliferación de las células. Si estos genes se ven alterados pueden producir:

 
1. La activación de los llamados proto-oncogenes, los cuales promueven la proliferación celular

La función normal de estos genes es promover la proliferación celular. Si por una mutación en estos genes o en otros que los regulan, éstos pueden estar activos en todo momento y producir la proliferación celular descontrolada. Entre un 42 y un 62% de los CCC presentan alteraciones en los genes de factores de crecimiento o sus receptores. Uno de los más destacados son los genes EGFR y FGFR  implicados en proliferación celular. Las mutaciones en estos genes suelen ser adquiridas por algún factor desencadenante y somáticas, es decir, solo afecta a un tejido y por lo tanto, la mutación no afecta a más células (no afecta a espermatozoides ni óvulos), por lo que no son mutaciones hereditarias.

 
2. La inactivación de los genes supresores que regulan la proliferación celular.

Los genes supresores son los que, en condiciones normales, se encargan de frenar la proliferación celular durante el recambio celular normal. En el momento que alguno de estos genes presenta una mutación patológica, queda inactivo, produciendo una proliferación descontrolada.

Un gen supresor de tumor muy estudiado por su repercusión es el TP53. Se han descrito mutaciones en este gen en muchos tumores humanos, tanto en cabeza y cuello como en cáncer de pulmón, mama y colon. En el 33% – 59% de los tumores de cabeza y cuello se halla una mutación en este gen.  La proteína derivada de este gen, p53 es la encargada de reparar errores en el material genético de la célula, que si no son reparados, activa la destrucción de la célula dañada.

Si la proteína p53 no se expresa, porque el gen está mutado, no habrá un control de reparación del material genético, y no se activará la destrucción de las células dañadas, por lo que, si la célula mutada no muere y continúa dividiéndose, las células hijas adquieren nuevas mutaciones que le proporcionan nuevos atributos de malignidad.  Las mutaciones en este gen suelen ser germinales. Significa que están en todas las células y, por lo tanto, son hereditarias.

 

Es importante conocer que gen está afectado para:

 

  1. poder dar un consejo genético adecuado

  2. poder dar tratamientos de profilaxis

  3. poder diseñar nuevas terapias y tratamientos para frenar la proliferación celular descontrolada

 

Para poder obtener una nueva terapia es necesaria la investigación científica básica. Muchos laboratorios trabajan para conocer las mutaciones más prevalentes y poder diseñar nuevos fármacos que serán testados en el laboratorio. Se analizaran su eficacia y la seguridad antes de seguir con estudios clínicos. Los estudios clínicos son estudios de investigación que se realizan con personas que participan voluntariamente. La participación en estudios clínicos es una opción para muchos pacientes con cáncer de cabeza y cuello. Estos estudios clínicos evalúan la efectividad en una población mayor.

 

En la actualidad existen diversas estrategias en desarrollo basadas en el uso de inmunoterapia para el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello:

 

Inmunoterapia específica en los tumores positivos para el virus del papilona humano

 

Se han desarrollado vacunas dirigidas contra proteínas específicas del virus VPH con el objetivo de disminuir la infección vírica y, en consecuencia, el desarrollo de tumores derivados de esta infección. Diversos estudios científicos demuestran que en los tumores asociados al virus del papiloma humano prevalecen las mutaciones en el gen PIK3CA, la pérdida del gen TRAF3 y la amplificación del gen regulador del ciclo celular E2F1.

 

Anticuerpos dirigidos

 

Un anticuerpo es una proteína que se adhiere a una proteína específica llamada antígeno. Cuando se conoce la mutación, se puede conocer qué proteína está alterada y por lo tanto diseñar anticuerpos dirigidos a esta proteína (antígeno).  Estos se administran para que circulen por todo el cuerpo hasta que encuentren y se adhieran al antígeno específico. Una vez unidos, pueden forzar a que otras partes del sistema inmunitario destruyan a las células que contienen el antígeno con el objetivo de disminuir las células cancerosas.

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