¿Qué duración puede tener el tratamiento contra el cáncer?

¿Qué duración puede tener el tratamiento contra el cáncer?

¿Qué duración puede tener el tratamiento contra el cáncer?

Dependiendo del tipo de tratamiento necesario, puede durar desde pocas semanas hasta años. El tratamiento contra el cáncer tiene tres pilares fundamentales: la cirugía, la radioterapia y el tratamiento sistémico.

La cirugía suele durar unas horas, en función de la complejidad, de la localización, de la extensión del tumor, de la anatomía del paciente, etc. La radioterapia se administra en sesiones de unos segundos de duración durante varios días consecutivos. El tratamiento sistémico es el más variable de los tres.

 

¿De qué depende la duración del tratamiento contra el cáncer?

El motivo fundamental del que depende es del escenario en el que se encuentre la enfermedad en ese momento: adyuvancia/neoadyuvancia o metastásico. Puesto que el objetivo de cada momento es distinto, también lo es su duración.

Los tratamientos que se utilizan en los estadios localizados (adyuvancia o neoadyuvancia) suelen tener una duración “limitada”, establecida previamente en ensayos clínicos, que han demostrado beneficio. Puede variar desde unos días como por ejemplo la quimio-radioterapia en el tratamiento neoadyuvante del cáncer de recto, hasta un año en la adyuvancia del cáncer de mama HER2 positivo. El objetivo de este tratamiento es evitar la aparición de metástasis, y en caso de que aparezcan que lo hagan lo más tarde posible.

En la enfermedad metastásica se intenta que los pacientes vivan el mayor tiempo de vida posible con la mejor calidad de vida. Suelen ser tratamientos “crónicos” y se administran hasta progresión o toxicidad inaceptable, es decir, hasta que las metástasis crecen de nuevo o hasta que aparece algún efecto secundario que no permite continuar por motivos de seguridad.

 

Factores a tener en cuenta

Como ya hemos comentado, la toxicidad de los fármacos es otro de los motivos que marcan la duración del tratamiento. Algunos efectos secundarios se pueden controlar con otros medicamentos “de apoyo” como, por ejemplo, la loperamida para la diarrea, o los factores de crecimiento hematopoyético para la bajada de defensas. En otras ocasiones se controlan con ajustes de dosis. Pero cuando los efectos secundarios no permiten al paciente llevar una vida cómoda o son incluso peligrosos para la salud es necesario suspenderlos.

Otros motivos son las patologías previas de los pacientes. Hay determinados fármacos que no se pueden administrar durante mucho tiempo en enfermos de corazón o de riñón, y que hay que vigilar especialmente.

Por supuesto también es muy importante la opinión de los pacientes, sobre todo durante el tratamiento de las metástasis, que como ya he comentado, suele ser largo. Es importante conocer el estado psicológico de los enfermos, la manera en la que enfocan su enfermedad, sus planes de vida, etc.

 

Dra. Elena López
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