Reflexión sobre la muerte, su aceptación y los cuidados paliativos

Reflexión sobre la muerte, su aceptación y cuidados paliativos

Reflexión sobre la muerte, su aceptación y los cuidados paliativos

El simple hecho de hablar de ello, de la muerte, del final, puede incomodarnos hasta el punto de evitar la reflexión a toda costa.  Cuando además se trata de uno mismo, la incomodidad de la que hablamos se puede convertir en temor, miedo o incluso angustia. Es normal, nos han educado «protegiéndonos de la muerte», a evitarla, ya sea física, mental o espiritualmente. Vivimos en un marco de pensamiento subjetivo de inmortalidad que crea una falsa sensación de control, probablemente de origen adaptativo. A medida que envejecemos nos ajustamos a la realidad implacable de que moriremos algún día, ya sea por enfermedad o por el simple hecho de envejecer.

Sin embargo, un diagnóstico de cáncer acelera todo este proceso significativamente. Se pierde la «sensación de control» y un mar de incógnitas invaden a la persona. ¿Qué tipo de cáncer tengo? ¿Qué tratamiento seguiré? ¿Qué efectos secundarios tiene?, etc. Y la pregunta del millón, ¿me curaré?, ¿me moriré? Y si es así, ¿cuánto tiempo me queda? Es aquí donde comienza un largo recorrido de introspección y revaluación de valores, prioridades y necesidades donde directa o indirectamente está presente la idea de morir.

Cada uno de nosotros tenemos una experiencia vital que condiciona y/o amortigua el impacto biopsicosocial que supone vivir con cáncer. Herramientas y habilidades que hemos ido incorporando junto a factores protectores y de riesgo, que facilitan o dificultan la aceptación del presente y la conciliación con el pasado.

La aceptación del ahora pasa por la aceptación de que hay un final. Es la única obviedad que existe. A pesar de ello, es complejo de llevar a cabo. No solo depende de la persona en cuestión, el entorno inmediato también participa e influye de manera bidireccional.

El paciente oncológico se enfrenta a un proceso constante de aceptación con cada diagnóstico, cada tratamiento, cada prueba, cada cita médica… es dinámico y ambivalente. Los profesionales sanitarios son actores imprescindibles que modulan y guían este camino a través de sus interacciones e intervenciones. Son fundamentales para la comprensión del presente y la posterior aceptación intelectual de las diferentes situaciones.

Es importante no confundir resignación con aceptación. La primera invita a la inacción, habla en negativo. La segunda incita a la construcción y a la consecución de objetivos, habla en positivo. El individuo conoce su realidad, la acepta y se marca unos objetivos que cumplir. Una fina línea separa ambas actitudes ante la vida.

Aceptar la muerte no es conformarse con morir. Todo lo contrario, es aceptar que estás vivo.

 

9 de octubre, Día Mundial de los cuidados paliativos

Cuando escuchamos cuidados paliativos es entendible que nos vengan a la cabeza imágenes estereotipadas de una persona en sus últimos momentos de vida y recibiendo cuidados médicos en su lecho de muerte. Nada más lejos de la realidad, así es, pero con matices; grandes matices.

Dichas imágenes corresponden al último acto de una película, la última escena después de muchas, la que cierra y da sentido o no a todo el contenido anterior. Es ahí donde reside el gran matiz.

En la actualidad, los equipos de cuidados paliativos aparecen casi desde el principio de la película y acompañan al protagonista durante el transcurso de la misma. ¿Qué hacen? Acompañan. Ayudan a la persona a entender, a procesar, a sobrellevar los buenos y malos momentos, y en su máxima aspiración a trascender. No solo alivian el dolor físico que imaginamos en la última escena. También ayudan a sostener el sufrimiento psicológico y existencial en determinados momentos del proceso.

Morir bien es igual de importante que vivir bien. Definir la salud únicamente como ausencia de enfermedad es igual de erróneo que pensar que solo aspiramos a morir sin dolor.

Somos seres espirituales con necesidades espirituales. Los profesionales de paliativos acompañan en el autodescubrimiento personal y sostienen el sufrimiento físico con el conocimiento científico existente.

 

“Ayudar a morir bien es igual de importante que ayudar a salvar una vida”.

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